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31 décembre musica e iglesiasHemos discutido muchas veces acerca de la calidad que encontramos en la música religiosa de hoy en día, y siempre llegamos a la misma conclusión: la calidad brilla por su ausencia. Son multitud los clérigos que a día de hoy ni sabe ni quiere saber de música, por lo que encontramos que las iglesias aquí en España aparecen completamente huérfanas de canto, de instrumentistas y de instrumentos, estando los órganos mudos, o en el mejor de los casos, rellenando el silencio con tonadas ramplonas, cursis, y faltas de inspiración o de significado; y en el peor, sustituidos por los cuatro adolescentes -y no tan adolescentes- que maltratan una guitarra y berrean con un mal gusto evidente. Los clérigos, como ya he dicho, ni saben, ni quieren saber. Para muchos de ellos, los músicos profesionales no son sino unos "divos" que van a la iglesia a dar su "concierto", sin entender que una persona que sabe hacer bien las cosas por su oficio o su talento, en ningún caso podrá hacer las cosas mal a propósito, en aras de que "el pueblo" cante sin saber hacerlo; o que la misa "dure menos" o que "la gente no se aburra" o razones similares por lo peregrinas; y sin entender también que evidentemente hay músicos que vamos a la iglesia y ofrecemos nuestro oficio ad maiorem Dei Gloria. Si de todos modos hubiera músicos impíos que solo fueran a la iglesia a lucirse -que lo dudo de organistas y cantores- seguro que se podrían encontrar medios para recuperar a esos músicos mejor que desterrar la música directamente. En este sentido, las directrices del Concilio Vaticano Segundo aquí en España han sido muy mal interpretadas, pues eso sólo ocurre aquí entre los países católicos occidentales... muestra evidente de ignorancia, y de pueblerismo; y signo evidente de que no se valora el trabajo de los músicos como trabajadores y especialistas. En este punto deberíamos recordar que a día de hoy, y mientras Su Santidad Benedicto XVI no cambie la norma, el Canto Gregoriano es el canto oficial de la Iglesia Católica. No voy a salvar a muchos fieles de la quema, que piensan que la música la puede hacer cualquier persona. Perdón. Voy a rectificar: que piensan que cualquier persona sin preparar nada a conciencia puede hacer lo que a otros nos ha llevado largos años de estudio y dedicación, y a la adquisición de una cultura de perfeccionismo y perseverancia que tanto fieles como clérigos solo ven como eso, como divismo. Es evidente que deberíamos dejar de pensar en los músicos como gente de ocio y como bohemios para pensar en ellos como gente de talento, y evidentemente y sobre todo, de trabajo. Son dos aspectos los que chocan de la iglesia actual en España con respecto a los músicos profesionales: Por un lado, en una Iglesia que se supone que valora el trabajo bien hecho como dignificación del ser humano, el colectivo de organistas, directores de scholas, coros y capillas, cantores y demás ministriles es el gran olvidado. No se valora la búsqueda de la perfección. No se valora el tiempo de ensayo y de estudio. No se valora el tiempo necesario para que las cosas salgan bien… No voy a decir en ningún caso que los fieles no puedan cantar. Pero para cantar bien hay que ensayar -y mucho- con alguien que sí sepa. Por otro lado, ya hemos dicho que los oficios divinos se ven envueltos o en el silencio o en músicas sin valor. Si usamos cálices de oro para contener el cuerpo y la sangre de Cristo, ¿por qué seguimos usando una música tan ramplona y tan deficientemente ejecutada? Se nos pide que preparemos nuestra alma para acoger el Cuerpo de Cristo en la Comunión mediante el dignísimo y santo sacramento de la penitencia; y sin embargo, a los músicos se nos pide que en ningún caso demos lo mejor de nuestra alma en la música que damos a Cristo. Debemos ponernos en el lugar de no saber nada y de no sentir nada, puesto que el resto ni sabe ni siente. La verdad es que resulta muy difícil explicar qué siente un músico que se digne de llamarse así cuando escucha según qué cosas dentro de una iglesia. En mi caso es un dolor infinito. No llamaríamos a un labriego, por muy digno que sea su trabajo a que nos arregle un escape de agua, pues acabaríamos con el agua por el techo de la casa; sino a un experto fontanero; y sin embargo en la gran mayoría de iglesias católicas españolas siguen tocando y cantando quienes no saben hacerlo; ignorando el valor espiritual y catequético de la música sacra, así como de unas posibles comunidades educativas cristianas basadas en el aprendizaje del Canto y de la Música, con mayúsculas. El caso es que nadie morirá ahogado por que alguien cante mal. Lo más grave que puede ocurrir es que el músico llegue a la situación de no sienta el menor deseo de ir a la iglesia. |
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